lunes, abril 18, 2005

El secuestro

Mediante la presente, hago llegar al público tiramisuero mi primer S.O.S.
Ruego a la diosa Tártara para que extienda su mano generosa y salve la humanidad de una inminente anorexia de dulzura aguda. La situación es caótica. Buenos Aires puede quedarse sin su principal alimento no diet.

Cierto domingo aburrido, intercalando llovizna matinal con medialunas portenias, aprestóse el individuo a cometer semejante delito.
Caminaba agazapado, con aire siciliano, encorvado por el peso en sus espaldas. Acercóse a una cabina telefónica a negociar la mercadería.
Mientras, la bolsa gigante reclamaba mejor trato. Asfixiada y agotada, suplicaba en silencio, sudando la gota dulce.
Las vecinas no disimulaban su curiosidad, e intentaban en vano descifrar el futuro del increíble paquete.
20 minutos después el hombre misterioso seguiría su camino por los bosques de Palermo, esperando quizás recompensa por la entrega de su tesoro: una bolsa gigante de tutuca...